Este lunes 1 de septiembre se ha clausurado el Curso "Perfeccionamiento en Ajedrez" que la Universidad Internacional de Andalucía Antonio Machado ha ofertado gracias al trabajo e interés que Neftalí Ríos del Moral ha puesto en ello. Un auténtico lujo del que han podido disfrutar una buena veintena de jugadores aficionados. Entre los asistentes, ilustres representantes del ajedrez provincial, como los Maestros Fide Juan Carlos Sánchez o José Miguel Ortega. Pero además, Sebastián Almagro, Paco Gálvez, Enrique Morales, los hermanos Ruiz al completo o Bernabé Cuevas, entre otros, así como un buen puñado de prometedores muchachos, como Adrián Juan, Adrián Mercado o Álvaro Rioboo.
Veinte intensas horas repartidas en tres días, sesiones de mañana y tarde, impartidas por el GM Francisco Vallejo Pons (2697 Fide) y el MI Ernesto Fernández Romero (2450 Fide). Más allá de los asuntos tratados en las distintas ponencias ("Desarrollo y Mantenimiento del repertorio de Aperturas", "Ajedrez e Informática", "La importancia del Estado físico y mental", "El ajedrez de élite", "La figura del analista" -a cargo del MI Ernesto Fernández Romero-, "Entrenamiento técnico y táctico", "Preparación de finales" o "Mejorando el análisis"), lo que más me interesa destacar ha sido la posibilidad de ver en acción a un GM analizando. Se trata de todo un espectáculo, un asombro continuado, una maravilla de la inteligencia humana. Aquellos jugadores que nunca lo hayan presenciado es algo que deben solucionar de inmediato. No creo que puedan entender nunca qué es el ajedrez, sencillamente. Se trata de confrontarse con la palabra de un Maestro, con la eficacia de la virtud, como decía Savater a propósito de los héroes. La expresión "palabra de un Maestro" no ha de sonarnos excesiva, aun si lo es, porque Vallejo ha sido capaz de apalabrarnos sus cálculos, de justificarlos racionalmente. De hecho, las conversaciones que teníamos los integrantes del Curso iban siempre en ese sentido: justipreciar la calidad de los conceptos que Vallejo nos iba transmitiendo. De esta manera: "jugada indeterminativa", "tensión favorable", "profilaxis escondida", "jugada independiente", "cambio de lider" (Dvoretsky), "jugada directa", "tendencia", "comparación de modelos", "dinámica y estática", "armonía", "momento crítico". Quizá algunos sean capaces de hacerse una idea de a qué nos estamos refiriendo, pero es que mis compañeros y yo hemos visto cómo eso se aplica, cómo va orientando la acción. Esa riqueza conceptual no es libresca, sin embargo, sino práctica, y no es exterior al juego, sino orgánica e interna. No es tampoco un refugio para el dogmatismo, sino todo lo contrario: para actuar libremente, es decir, por propia cuenta ("No hagas caso a ese Watson", le decía a Juan Carlos Sánchez, que ponía cara de circunstancias cuando discutían una variante dela francesa; "No me hagas caso a mí", me dijo a mí mismo cuando le decía que juego la Siciliana Lowenthal porque me asombró su victoria sobre Kramnik hace algunos años).
De vez en cuando aparecían consejos prácticos, es cierto (reproducir mentalmente partidas de ajedrez, preparar sorpresas de aperturas y al mismo tiempo no obsesionarse con ellas, trabajar las posiciones violentas, proporcionarse uno a sí mismo la satisfacción de ganar muchas partidas, incluso con rivales más flojos, con la idea de aumentar la autoestima, jugar lo que mejor conocemos en partidas decisivas, etc.), pero el secreto es que no hay ningún secreto.
Tal vez fuera el último día el más mágico de todos. Tocaba analizar nuestras propias partidas, aquellas que mejor podíamos comprender tras haber estado analizando sus partidas con Leko, con Svidler..., así como todo lo que había detras de ellas. Dio tiempo a ver una de Morales, otra de Ortega, de Almagro, de Juan Carlos Sánchez, una de Francisco J. Fernández y por fin una de Ríos del Moral contra Gálvez. Salíamos a la palestra y allí que nos sometíamos a los comentarios de Vallejo. Fue especialmente duro con los jugadores más talentosos, mostrando mayor delicadeza con los más flojos; supongo que está el ajedrez de las computadoras, el ajedrez humano de los Grandes Maestros, y el demasiado humano, como decía Nietzsche. El caso es que nos iba mostrando las inconsecuencias de nuestro juego, lo absurdo de nuestro mover piezas de un lado a otro, sin finalidad, aun si no eran perdedoras y llegaban a ser buenas. Pero no hay jugadas buenas o malas, sino racionales o absurdas (en el sentido de sin sentido, sin finalidad o con finalidades contradictorias). Estas eran su caballo de batalla y ahí es donde se mostraba más intransigente. De alguna forma hacía que experimentáramos que del rey abajo ninguno, como decía no sé quién: que en cuanto a concepto, o se es GM de la élite o no se sabe nada. Está claro que es una exageración, pero lo importante es lo que nos quería transmitir. Por otro lado, no quiero dar la impresión de cierta soberbia por su parte (es un tipo muy normal: guasón y equilibrado). El ambiente era muy distendido. Quedarán para el recuerdo algunas frases gloriosas: como la de que Morales pone las torres como si fueran el portero del futbolín, "El Rybka no se entera de nada", de Ortega, la de "soy un aficionado resultón", de Almagro, "soy un jugador directo; sólo calculo una", o "yo jugaba al parchís y sacaba un uno con el dado", refiriéndose Fernández a que sus movimientos iban de casilla en casilla, porque no tenía espacio para moverse...
Ojalá el año que viene pueda repetirse.
Francisco J. Fernández


