martes 17 de marzo de 2009

Recordando a Roberto Grau

(Buenos Aires, 18-3-1900; Buenos Aires 12-4-1944).


A principios del siglo XX, Argentina se encontraba entre las primeras potencias económicas mundiales, acompañando a este crecimiento económico un desarrollo cultural. Una faceta más de este desarrollo cultural fue el auge y expansión del ajedrez. Argentina logró atraer a los mejores jugadores de la época: Reti, Lasker, Capablanca, Alekhine, etc. Y organizar eventos importantes: Match Capablanca – Alekhine (1927) y la olimpiada de ajedrez (1939), ambos acontecimientos celebrados en Buenos Aires (que volvería a ser sede olímpica en 1978). Esta expansión del ajedrez, logró crear una gran masa de aficionados y jugadores destacados como: Grau, Bolbochán, Pilnik, Pleci, Guimard, Rosetto,...
Grau fue un fuerte jugador de ajedrez que logró ganar el campeonato argentino en 6 ocasiones (1926, 1927, 1928, 1934, 1935 y 1938), siendo uno de los jugadores argentinos que más veces logró el campeonato nacional y jugar las olimpiadas representando a su país en otras 6 ocasiones (París 1924, Londres 1927, La Haya 1928, Varsovia 1935, Estocolmo 1937 y Buenos Aires 1939).
Respecto a las olimpiadas de ajedrez indicar que la primera se considera la celebrada en Londres 1927 (originalmente se llamó Copa “Hamilton-Russell”, por el patrocinador del torneo), aunque algunos consideran al torneo de las naciones de Paris 1924 como la primera.
Las olimpiadas de ajedrez se celebran bianualmente, quedando interrumpidas durante el periodo de 1939 a 1950, como consecuencia de la segunda guerra mundial (1939-1945), siendo la desaparecida URSS el país que más veces obtuvo la victoria.
El mayor éxito internacional de Grau fue la victoria en el campeonato sudamericano en Carrasco (Uruguay) en 1921. Torneo que ganaría por segunda vez en 1928. Entre sus partidas más notables destaca su victoria ante Euwe (futuro campeón del Mundo) en la olimpiada de París de 1924, volvió a jugar frente a Euwe en la olimpiada de Londres 1927 (esta vez fue empate) y su empate ante Alekhine en la olimpiada de Varsovia en 1935.
Destacó como periodista, fundador de club, dirigente de la federación Argentina y fue analista de Alekhine en su match con Capablanca. Pero sin duda alguna su mayor aportación al ajedrez fue su obra: ”Tratado general de ajedrez” (4 volúmenes), que debe ser considerada como uno de los mejores libros de ajedrez escritos en castellano. Esta obra se divide en:
Tomo I: Rudimentos.
Tomo II: Estrategia.
Tomo III: Conformación de peones.
Tomo IV: Estrategia superior.


José Luis Meco

jueves 19 de febrero de 2009

RECORDANDO A PACHMAN

Ludek Pachman (República Checa 11-5-1924. Alemania 6-3-2003)

El próximo 6 de marzo se cumplen 6 años de la muerte del Gran Maestro Ludek Pachman. Pachman destacó en tres facetas:
1. Como jugador de ajedrez.
2. Como autor de libros.
3. Como activista político.

1. Como jugador de ajedrez, consiguió el título de Maestro Internacional en 1950 y el de Gran Maestro en 1954, de los mejores jugadores no soviéticos de la década de los 50 y 60 del pasado siglo. Ganó tres zonales (1951, 1954 y 1957), participando en diversos interzonales pero sin lograr alcanzar la cumbre ajedrecística.
En 1959 brilló con fuerza, campeón en Bratislava, subcampeón en los distintos torneos de su gira latinoamericana: Lima, Santiago de Chile (donde derrotó a Fischer) y Mar de la Plata (donde de nuevo vence a Fischer). Jugó con los mejores jugadores de la época: Alekhine, Euwe, Botvinnik, Smyslov, Tal, Fischer, etc.
Y obtuvo buenos scores contra: Euwe (+1, =1), Fischer (+2, -2, =4), Botvinnik (+1,-2,=3). También jugó con nuestro campeón Arturo Pomar, consiguiendo Pachman un score favorable (+2, =2), aunque una de estas victorias fue por incomparecencia de Pomar (Marianske Lazne, 1965).
Destacar que participó en 9 olimpiadas de ajedrez, 8 veces con su país de nacimiento (Checoslovaquia) en el primer tablero y 1 vez con Alemania Occidental (país que lo acogió como refugiado político).

2. Como autor de libros de ajedrez, fue un escritor muy activo, con más de 50 libros. Ejerció una gran influencia en los aficionados españoles de la década de los ochenta y noventa(probablemente quién más influyó en esos años puesto que los libros de ajedrez eran bastante escasos), pues 13 de dichos libros fueron publicados por la editorial Martínez Roca, en la colección Escaques: Táctica moderna en ajedrez, tomo I (1988), Táctica moderna en ajedrez, tomo II (1988), Estrategia moderna en ajedrez (1987), Aperturas abiertas(1988), Aperturas semiabiertas(1988), Gambito de dama(1988), aperturas cerradas (1987), partidas decisivas (1987), El match del siglo: Fischer - Spassky (1985), Prácticas de las aperturas (1988), Prácticas del medio juego (1988), Práctica de los finales(1988) y Ajedrez y computadoras (1988).
Probablemente su mejor libro sea Estrategia moderna en ajedrez (escrito en 1959). En este libro Pachman trata 16 temas estratégicos. La estrategia es el plan que hay que seguir en cada momento de la partida, subordinado (dicho plan) a una serie de principios. Por tanto, la estrategia nos contesta a la pregunta: ¿Qué hacer?, y la táctica nos indica ¿cómo hacerlo? a partir del cálculo correcto de variantes y del uso de las combinaciones en ajedrez.

3. Como activista político, tuvo una vida bastante agitada y dura. Sufrió persecución, cárcel, torturas y exilio.
En la cárcel estuvo tres veces: la primera por oponerse a la ocupación alemana de Checoslovaquia (en la Segunda Guerra mundial lo detuvo la GESTAPO en Praga en 1940) y la segunda por oponerse a la ocupación soviética de su país (en la conocida como Primavera de Praga, 1968). Pachman estaba identificado con el movimiento reformista de A. Dubcek, impulsor del "socialismo de rostro humano" que fue aplastado por los tanques soviéticos. Pasó de ser un ferviente comunista a un ferviente anticomunista. De esta faceta de activista político es interesante su libro: Ajedrez y comunismo, Ed. Martínez Roca, Barcelona, 1974. Este libro es la autobiografía de un ajedrecista con una gran actividad política.
Finalmente Pachman se exilió a la entonces República Federal de Alemania en 1972, país que lo acogió y donde murió el 6 de marzo de 2003. Descanse en paz.

José Luis Meco.

jueves 15 de enero de 2009

Los consejos de los libros de aperturas.

Me pongo en contacto con ustedes para comentarles el caso que me ocurrió jugando una partida de ajedrez postal en la P.I.P.A. (Peña Ibérica Postal de Ajedrez, en España) de la que soy socio.
Entiendo que es una anécdota de interés donde todos los que somos demasiado crédulos de la letra impresa escrita por los GM’s podemos aprender algo.

En mis cercanos comienzos como postalista he sido un detractor del uso de cualquier tipo de ayuda en el juego postal (libros, programas informáticos, sugerencias de terceras personas,...) porque entendía que esto enrarecía las partidas y desde luego, no se daba la igualdad que tiene el ajedrez “en directo”. Sin embargo, poco a poco fui cambiando de opinión, en parte por los comentarios que otros postalistas me hicieron sobre la consulta de libros para jugar las aperturas y en parte, porque pensé que consultándolos podría minorar mis grandes lagunas en esta fase de la partida.

Así que dicho y hecho, comencé la partida contra mi rival y junto a ella, mi libro de aperturas, esperando que más pronto que tarde, abandonaríamos el texto y empezaríamos a jugar de verdad. Mis libros de aperturas no son numerosos porque me gustan más el medio juego y los finales. Tengo los de Máximo Borrel de Editorial Bruguera que, simplemente con verlos no te fías de lo que pone en ellos y, alguno de Ludek Pachman, entre ellos el de Aperturas Semiabiertas. Como la partida fue una Caro-Kann, este fue el libro que me acompañó.

La partida transcurrió como sigue:

Robles,Antonio - Hernández,José [B19] Pipa MP 1072

1.e4 c6 2.d4 d5 3.Cc3 dxe4 4.Cxe4 Af5 5.Cg3 Ag6 6.h4 h6 7.Cf3 [a juego aproximado conduce 7.C1e2 e6 8.Cf4 Ah7 9.Ac4 Cf6 10.De2 Ad6 11.c3 Cbd7 12.Axe6 fxe6 (12...0-0? 13.Axd7+-) 13.Cxe6 De7 14.Cf5 Axf5 15.Cxg7+ Rf7 16.Cxf5 Dxe2+ 17.Rxe2 Keres - Olafsson, Bled, 1961] 7...Cd7 8.h5 [En los años 1920 a 1940 se jugaba 8.Ad3 Axd3 9.Dxd3 e6 Actualmente se considera que el avance del peón "h" ejerce fuerte presión sobre el flanco de rey negro, sobre todo en las líneas en las que las negras enrocan corto.] 8...Ah7 9.Ad3 Axd3 10.Dxd3 Dc7 11.Ad2 e6 12.De2 Cgf6 13.0-0-0 0-0-0 14.Ce5 Cb6 15.Aa5 Td5 16.b4 Txa5 17.bxa5 Aa3+ [En la partida Pegarero-Eylstrand (1969) siguió 17...Ca4? 18.Td3 Cd5 19.Tb3 Dxa5 20.Cxf7 Cac3? 21.Dxe6+ Rc7 22.De5+ Rc8 23.De8+ Rc7 24.Dd8#] 18.Rb1 Ca4 19.Df3 Ab4 20.Td3 Dxa5 21.Ce2 Cd5 22.Th3


[A considerar era 22.Dxf7 Cac3+ 23.Cxc3 Cxc3+ 24.Txc3 Axc3 25.Dxe6+ Rc7 26.Df7+ Rc8=]

Hasta aquí seguimos la teoría del libro de Pachman. Yo estaba un poco intrigado porque seguir la teoría hasta esa posición me había convertido en espectador de mi propia partida, pero por otro lado tenía mucha curiosidad por ver cómo seguía la cosa. No podía evitar pensar que mi rival estaba utilizando el mismo libro que yo.] 22...Ae7 [Nada de esto se contempla en el tratado referido. Sigue 22...f6 23.Cg6 Td8 con 24.a3 parece que hay buenas posibilidades de conseguir tablas para el blanco. Esta jugada me parece que puede calificarse como de la retirada de alfil más agresiva que he visto, pues de pronto aparecen amenazas serias para el blanco.] 23.a3 De1+ 24.Ra2 Axa3 25.Txa3 [25.Rxa3?? Db4+ 26.Ra2 Db2#] 25...Cb4+ 26.Rb3 Cd5 27.Txa4 Db1+ y acordamos tablas pues no hay manera de progresar para ninguno so pena de derrota. 1/2-1/2

Cuando comenté con mi rival lo que había ocurrido con mi seguimiento de los consejos de Pachman, esto fue lo que me contestó:

“Yo suelo jugar la Caro-Kann como defensa sistemática contra 1.e4, por ello suelo recopilar cuanta información cae en mis manos de esta defensa. Realmente no hay mucho escrito sobre ella y no siempre bueno. Tengo que decirte que estoy muy decepcionado con los libros llamados de “teoría”, donde cada autor califica la posición final alcanzada a su criterio y que a veces discrepa mucho con otros “teóricos”. Así me ocurrió en una partida por e-mail, donde se alcanzó, también en una Caro – Kann una posición que era calificada como igual (=) por uno y como muy favorable a las blancas (±) por otro.

La jugada 22...Ae7, viene recogida en dos de mis libros teóricos, aunque pude comprobar que Pachman no la cita en su libro sobre II.Aperturas Semiabiertas”, el cual coge polvo en la estantería de mi biblioteca ajedrecística.Lo que ocurre es que no consulto los libros de Pachman pues tuve una mala experiencia jugando una partida con Jordi Magem a principios de los ochenta cuando era socio de P.I.P.A. Me dio una soberana paliza, pues yo estaba siguiendo los análisis de Pachman de una variante de la Siciliana-Najdorf donde decía que había una posición de igualdad. Jordi Magem, con blancas, dos jugadas más tarde y siguiendo otro libro más reciente creó una situación totalmente perdida para las negras.

Te diré que ninguno de los libros que tengo cita la jugada 24.a3 de la línea que comienza con 22...f6 23.Cg6, Td8, ni los análisis que allí se recogen. Te señalo que uno de estos libros fue escrito por Kasparov – Shakarov, “La Defensa Caro-Kann. Variante Clásica”. Como para fiarte.”

En definitiva, no hay que creer a pies juntillas lo que aconsejan los libros (ojo, que he utilizado el libro de Pachman para algunos comentarios de la partida).


Antonio Robles.

martes 19 de agosto de 2008

El Dr. House juega al ajedrez


Gracias a la insistencia y entusiasmo de mi hermano Marcos, he descubierto la serie House durante este último año. Vencida mi reluctancia inicial ante cualquier cosa que echen por la tele, he de reconocer que mi hermano, después de todo, tenía razón: merece la pena. De hecho, él fue quien me señaló algunas curiosas relaciones: las semejanzas que se dan entre los personajes de House y Sherlock Holmes, el detective de Conan Doyle. Efectivamente, son muchas, desde sus adicciones a ciertas sustancias, hasta su pasión por la música o el nombre de su mejor amigo (Wilson-Watson, respectivamente) o su misantropía, entre otras. Habría que añadir a todo ello su común afición por el ajedrez (en este sentido recomiendo el libro de Raymond Smullyan, Juegos y problemas de ajedrez para Sherlock Holmes, Barcelona, Gedisa, trad. de E. B. Casals, 1986). Veamos hasta qué punto el doctor House es ducho en el juego.


La forma en que pretendo averiguarlo pasa por analizar el capítulo de la temporada tres (parece que se rodó en abril del 2007) titulado "El cabrón" (The Jerk), dirigido por Daniel Sackheim y guión de Leonard Dick, donde un adolescente especialmente odioso sufre un repentino ataque de rabia durante un torneo de ajedrez rápido, lo que le lleva a agredir a su desdichado rival. A partir de ese momento, el equipo del doctor House, interpretado por el genial Hugh Laurie, se encarga de descubrir el origen de las diferentes dolencias que aquejan al ajedrecista. Evidentemente, no nos interesarán demasiado las pesquisas médicas ni el rigor de los razonamientos que avalan este o aquel diagnóstico (aún no he podido consultar el libro del colectivo italiano Blityri, La filosofia del Dr. House, donde imagino que se analizarán estas cuestiones metodológicas al tiempo que las consideraciones éticas que se desprenden de la práctica, verdaderamente admirable, de este singular médico). Nos interesarán más bien las referencias ajedrecísticas que en el capítulo se hacen así como, ahora sí, el rigor con que el ajedrez como tal ha sido tratado. De hecho, y por no extenderme demasiado, me concentraré exclusivamente en la partida que House juega con el doliente muchacho. La excusa médica consiste en elevar la excitación del paciente para confirmar o desmentir determinado síndrome sobre el que se tienen sospechas, cosa que House pretende conseguir sometiendo al chico a la tensión propia de una partida de ajedrez. Ante la negativa de éste, House lo increpa con el objeto de comprometerlo en la lucha que se avecina. Lleva el tablero en un carrito hasta la cama del paciente, reloj analógico incluido, le inyecta lo que parece ser un estimulante y le da a elegir el color ofreciéndole ambas manos cerradas con los respectivos peones dentro. "Blancas, que se joda el cojo", dice el canalla del niño. House se conforma, sitúa el reloj a su izquierda (lo que parece ser una concesión a las necesidades del rodaje, pues es diestro, aunque utiliza la siniestra en un primer momento) y empieza una partida de Blitz a 5 minutos.


Antes de darla, sin embargo, he de reconocer que la reconstrucción de la misma me ha costado algo más de lo que supuse que me resultaría en un principio y, por tanto, es posible que se haya deslizado alguna transposición, dado que los planos están cortados y la secuencia no transcurre en tiempo real, pero, en fin, creo que el resultado es en resumidas cuentas óptimo en su conjunto. En fin, pondré un asterisco a las jugadas que han sido reconstruidas por razonamiento, pero de las que no se tiene experiencia directa del momento en que se hicieron.


A03 Apertura Bird
1.f4-c5 2.Cf3 (House comenta: "Apertura Bird:estrategia pasiva, signo de cobardía") -d5 (la replica del muchacho no se deja esperar: "Defensa siciliana, signo de idiotez", lo que parece un poco aventurado, dado que, aunque se podría haber entrado en una siciliana con 2.f4, al hacer 2...d5, tras 2.Cf3, House adopta un esquema completamente distinto)


3.e3-*Cf6 4.*b3-*e6 5.Aa3N (en la literatura ajedrecística compruebo que antes se había jugado 5.Ab2, que es más natural, así lo hizo Mackenzie contra Lipschuetz en New York, 1886, durante la época de mayor esplendor de la apertura)-Ad6 6.Ab5+-Cc6 7.Cc3-*0-0 8.*Ae2 (aquí me asaltan las dudas, pues en la escena siguiente se comprueba cómo este alfil va a la casilla e2; por otro lado, no se entiende demasiado bien esta jugada, parece preferible enrocarse o incluso Ce5)-e5 (con este movimiento se llega al momento más complicado de seguir, pues, como ya hemos dicho, a continuación se ve cómo el alfil retrocede, pero resulta que hay ya un peón en e5, así que no queda más remedio que suponer la siguiente jugada: no obstante, quizá fuera mejor intentar otra ruptura, es decir, 8...d4 9.Cb5, con ventaja negra) 9.*fxe5-Cxe5 10.*Tb1(la reconstrucción de esta jugada parece inevitable, pero aquí el blanco deja pasar la oportunidad de ensayar 10.CxCe5-AxCe5 11.Axc5-Te8, con ligera ventaja negra, pero con una partida más tranquila)-Ce4 11.*Cxd5-CxCf3+ 12.AxCf3-Dh4+ (también valía la más sutil 12...Ag4! 13.c4-Dh4+ 14.Re2-f5=) 13.g3=-Axg3+ 14.hxAg3-Dxg3+ 15.Re2 (en este momento los realizadores se recrean con la cara de disgusto del chico)-Cg5? (pero House se equivoca después de ello, debería haber intentado 15...Td8 16.De1-TxCd5 17.AxCe4-Ag4+ 18.Rf1-Ah3+ 19.TxAh3-DxTh3 20.Ag2-Tf5+ 21.Rg1-Tg5=) 16.Df1 (tras mover, el chico hace como el gesto de parar el reloj, sonriendo sardónicamente ante la sorpresa de House: "¿Te importa tirar el rey? (Care to lay down your king?)", justificando su petición con la siguiente variante: "me inmovilizas la reina (you can pin my queen), caballo a e7, Rh8, sacrifico la torre, el rey captura el peón, el alfil bloquea y reina a h5, jaque mate". La expresión de House revela comprensión de la variante, es decir, algo como 16...CxAf3?? 17.DxCf3-Ag4 18.Ce7+-Rh8 19.Txh7!-RxTh7 20.Th1+ (esto no se menciona)-Ah3 (aunque también podría ser 20...Ah5) 21.Dh5#. A continuación, el chico sufre el esperado ataque mientras House se levanta pensando en lo que ha pasado. Curiosamente, antes de salir de la habitación, vuelve a mirar el tablero y comprobamos estupefactos que la torre ya está en h7 dando jaque, inclinando el rey House y reconociendo la derrota. Todo lo cual puede significar que se rodó la secuencia hasta la jugada 19ª y luego se decidió que era más elegante dejarla en la jugada 16ª. De hecho, es mucho más razonable, dado que a partir de entonces House se va a dedicar a analizar sin descanso la partida mientras intenta por otro lado curar al chico. Al final del episodio, la forma en que el muchacho cogía las piezas va a ser determinante en el diagnóstico acertado, pues resulta sufrir acumulación de hierro en las articulaciones (hemocromatosis), lo que le impedía efectivamente doblar los dedos al mover las piezas. Una vez comunicada al paciente la naturaleza de su dolencia, House le hace saber con cierto orgullo que no hubiera seguido la variante con que le embaucó:"no te habría comido el alfil (I wouldn´t have taken the bishop), habría movido la reina a d6 para evitarlo y luego la torre a e8 atacando el peón de rey, cambiando por calidad (?) y ganándote" (I´d have lost the exchange but won the game, aunque no estoy completamente seguro de que diga eso exactamente). El chico le da la razón (?) y reconoce que todo fue un farol (o una tontiastucia, en otras palabras). Ahora bien, la variante mencionada por House es, además de dudosa, difícil de comprender. En efecto, por algunas escenas en que le vemos analizando, está contemplando la siguiente posibilidad, algo así como 16...Dd6 17.Cf4? (es mejor 17.Ab2, con ventaja decisiva blanca)-Te8? (es mejor otra vez 17...Da6+, consiguiendo igualar). Su comentario no permite ser más concretos, pero parece claramente incorrecto. No obstante, lo que hay que decir a continuación es que el error no sólo se produciría con la dichosa toma del alfil (el menor de los males era 16...Ag4 17.AxAg4-DxAg4+ 18.Re1-Tad8, con ventaja decisiva blanca), sino que se había cometido una jugada antes, cuando House lleva su caballo a g5. Aquí las negras están ya perdidas y, por tanto, el recurso que se han sacado de la manga los guionistas (parece que el responsable de la elaboración de la partida es un tal Matt Lewis, del que no he podido averiguar nada) para salvar el honor intelectual de House está traído por los pelos. Supongo que los guionistas quisieron una partida con algunos jaques dramáticos, pero donde hubiera una posibilidad escondida de salvación. La tarea resultó demasiado ardua para quien elaboró la partida y patinó en el momento de la refutación de la variante, haciendo que la partida continuara una jugada más de la debida, pues era la única manera de que el blanco pudiera realizar la no tan farolera combinación.


Se comprueba pues una vez más lo delicado que es el ajedrez, lo difícil que resulta su transplante (en este caso cinematográfico y en otros literario), como si fuera incapaz de arraigar en otros terrenos, dada la estricta urdimbre con que teje su desenvolvimiento. Al parecer, Hugh Laurie jugó mucho al ajedrez cuando era veinteañero (cfr. "Anatomía de un episodio, "El cabrón", documental sobre la realización del capítulo en cuestión, Universal Studios, 2007). Quizá debería haber tomado ejemplo del gran Humphrey Bogart, pues el análisis que hace éste en la película Casablanca de una posición del gambito Chatard-Alekhine contra la defensa francesa es bastante más riguroso. Pero, en fin, como dice el propio House, todo el mundo miente.


Francisco J. Fernández

miércoles 18 de junio de 2008

Fundación de la Hermandad de los Contratontiastutos

En el club de ajedrez Dama Morena unos jugamos bastante al ajedrez y otros menos. Algunos de estos últimos por problemas derivados de esta vida moderna que nos toca vivir y otros por cierta desidia y algo de pereza competitiva, si es que es posible hablar de esta manera. Pero creo que a todos nos une un amor inquebrantable (y a ratos obsesivo y tal vez paranoico) por nuestro ingrato y maravilloso juego. Desde luego, poco progreso cabe esperar, mal que nos pese, de cada uno de nosotros como jugadores. En cierto sentido, hemos tocado techo. Como este tocar techo no quiero que se entienda torcidamente, habré de decir que de vez en cuando haremos buenas partidas y hasta puede que ganemos (en partidas rápidas básicamente, que son las que más a menudo jugamos) a rivales superiores de antemano. Pero también diré que perderemos (a menudo a continuación de una gran partida) con rivales considerablemente más flojos. Nuestro tocar techo se refiere a nuestras virtudes competitivas. Me parece que están ya demostradas, así de sencillo. Dicho esto, ¡al cuerno con la competición! Ello para los que quieran ser campeones del mundo o campeones provinciales. Ser campeón no es aquello que nos impulsó de niños a jugar al ajedrez. Soñar con ser campeón es una vanidad que nada tiene que ver con el propio juego. Ni siquiera soñar con ganar un torneo, por modesto que sea. Lo ajedrecístico acaba en la partida, no en la tabla final clasificatoria. Así como en Lingüística la última unidad sintáctica es la frase (y no el discurso, o la novela o la obra en conjunto de un escritor), en ajedrez esta unidad termina en la propia partida. Como mucho podríamos buscar unidades por abajo; del tipo de la jugada (palabra) o la combinación (sintagma), pero aún así habría que ser muy cautos a la hora de dejar sentado algo de este estilo (así como algunos poetas simbolistas del siglo XIX se pasaban semanas detrás del adjetivo exacto, algunos buscamos en nuestras partidas la jugada de las jugadas, con la consecuencia de que a menudo los árboles no nos dejan ver el bosque). Así que, sentado esto, dediquémonos a jugar partidas de ajedrez o a hallar la jugada de las jugadas. Lo segundo es seguramente nefasto desde el punto de vista de la partida en su conjunto, pero al menos no estaremos traicionando nada. Que esta forma de entender las cosas, aunque romántica en apariencia, es mucho más común de lo que parece lo demuestra las bajadas de tensión que nos acometen cuando nuestro rival juega tan flojo que pierde material sin compensación o se equivoca lastimosamente. Es muy corriente que estas partidas las pierda el bando fuerte. Hay razones psicológicas para explicarlo, pero también las hay de tipo estético: la partida ya no merece la pena como globalidad y por tanto uno acaba desentendiéndose de la misma hasta el punto de que puede hasta perderla. Evidentemente, a los garbanceros del ajedrez estas veleidades les traen sin cuidado, pero siempre he mirado con compasiva admiración a aquellos que dejan que lo imposible ocurra. Evidentemente no me refiero a no saber hacer valer la ventaja (la llamada incompetencia), sino a descuidarse cuando la partida está verdaderamente ganada. Quiero creer que esos descuidos obedecen a un prurito estético, muchas veces precedido de un compasivo desprecio por ese fastidioso rival que no se rinde. Así las cosas, propongo una especie de decálogo para aquellos que no queriendo (no ya no pudiendo) ser campeones, se conjuren para no traicionar el verdadero ajedrez:

1) Toda partida que dure más de cuarenta jugadas merecerá nuestro desprecio.

2) Antes de la jugada 12 hay que llevar un peón de desventaja.

3) Antes de la jugada 25 hay que sacrificar pieza o al menos haberla ofrecido.

4) Nos comprometemos a aceptar gambitos en general y a desequilibrar el material a la mínima ocasión.

5) No modificaremos nuestro repertorio habitual aun sospechando preparaciones teóricas del rival.

6) No se puede simplificar para llegar a un final favorable.

7) Las únicas tablas que se permiten son por continuo.

8) Nos obligamos a estudiar el ajedrez de Greco hasta LaBourdonnais.

9) Nos prohibimos jugar catalanas, Retis, ataques indios de rey, así como variantes del cambio en general.

10) Nos conjuramos para comunicar nuestros descubrimientos entre los cofrades de la Hermandad de los contratontiastutos (definidos en general por no respetar estos principios).

11) Todo miembro que no cumpla con estos requisitos podrá ser expulsado de la Hermandad previa decisión de los órganos colegiados.

12) Para ser miembro de la Hermandad hay que acreditar cinco partidas que cumplan con los requisitos establecidos.

13) La Hermandad sabrá ser flexible con aquellos miembros que simpaticen con nuestra causa, pero que necesiten un periodo de desaprendizaje de los vicios adquiridos durante años de tontiastucia.

14) Habrá grados en la pertenencia a la Hermandad. La práctica de nuestras partidas determinará el grado de pertenencia a la misma.

En fin, confiando en que esta iniciativa prenda en el ajedrez, quedamos a la espera de sus noticias.

Francisco J. Fernández

sábado 7 de junio de 2008

Diferencia y repetición de una partida de ajedrez

En su excelente libro Las semanas del jardín (Madrid, Alianza editorial, 1981), Rafael Sánchez Ferlosio hace una caracterización de diferentes espectáculos atendiendo a una serie de variables: Acontecimiento y Texto, por un lado, y Función y Figura, por el otro. De esta manera, queda diseñado un cuadro como el siguiente, donde se emparejan conceptualmente una serie de espectáculos:

         ACONTECIMIENTO        TEXTO
FUNCION  Competición deportiva Circo
FIGURA   Tauromaquia           Ballet

Explicaré brevemente a qué hacen referencia los conceptos involucrados para poder pasar al ejemplo ajedrecístico a continuación. Con Acontecimiento, Sanchez Ferlosio se refiere a la dimensión de no repetición que tienen los toros o un partido de fútbol, de tal manera que sería absurdo que alguien adujera que no va a una corrida de José Tomás, por ejemplo, porque ya lo ha visto torear anteriormente. Con Texto se hace referencia a todo lo contrario: al hecho de que el circo o el ballet siguen un guión predeterminado, de ahí lo insufrible que resulta asistir a dos representaciones circenses para escuchar los mismos chistes de los payasos. En cuanto al concepto de función se hace referencia con él a una dimensión de eficacia: lo que importa en el circo o en un partido es hacer las cosas no tanto bonitas como bien, es decir, cumplir con un objetivo competitivo o de habilidad, de ahí que el lema de jugar bonito sea hipócrita dado que da lo mismo meter un gol desde el centro del campo que que rebote en el culo de un defensa. Evidentemente, eso no ocurre con el concepto de Figura, donde de lo que se trata es de hacer las cosas bellamente. No se trata de matar al toro de cualquier manera (Gregorio Corrochano hablaba del rincón de Ordóñez para describir los bajonazos que el matador rondeño hacía pasar por otra cosa), sino de acuerdo con unos requisitos estéticos. En fin, las reflexiones de Ferlosio son tan sesudas como interesantes, pero no podemos detenernos en ellas. Confío en que con lo dicho, el lector disponga de suficientes elementos de juicio.
El problema que quiero plantear es el de un posible encuadre del ajedrez dentro de este esquema. En principio, se trata de una competición deportiva, por lo que las variables que le afectan son la de acontecimiento (la unicidad de la partida) y la de función (el objetivo es ganar, sea como sea). Cada partida es única y una bella partida vale lo mismo que una que sea una patética comedia de errores. Y sin embargo algo nos dice que el ajedrez es algo más. Hay algo así como una belleza aplicada a las partidas de ajedrez y hay algo así como un asombro circense cuando la técnica desplegada por el ajedrecista es tan asombrosa como la de un malabarista (un ejemplo sería el dominio de la posición de Lucena o de la defensa de Philidor en los finales de torre). Es más, hay algunas partidas que parecen incluso ballet: me refiero a aquellos momentos en que los jugadores siguen una larga variante aprendida de antemano (aunque sin acuerdo previo) ante el asombro de los mirones. Como, por suerte o por desgracia, soy muy aficionado a las variantes forzadas me he encontrado en ocasiones no jugando, sino algo así como bailando, siguiendo unos pasos. No está de más decir que cuando la memoria se agota, la sensación de que uno puede tropezar en cualquier momento es muy acusada. Así que, aunque la dimensión deportiva del ajedrez no puede ser minusvalorada (¡y ay de aquel jugador que lo haga, pues sus resultados se resentirán de inmediato!), también es cierto que el juego tiende a bizquear por su propia naturaleza hacia variables en principio alejadas de su concepto.
En diciembre del 2006 fui con Francisco José Gadeo y Juan Subirats a Santa María de Trassierra (Córdoba) a jugar el III Open de Navidad. Allí nos encontramos con Sebastián Almagro y Juan Carlos Sánchez, entre otros conocidos. Las partidas eran a 10 minutos a finish. Gané las dos primeras e hice tablas en la tercera con un tal Manrique Alamos (2182 Fide). En la cuarta ronda me tocó con Gadeo, que llevaba los mismos puntos que yo tras ganar, si no me equivoco a Juan Carlos Sánchez, al que, por cierto y contra su costumbre, se le dio muy mal aquel torneo. Nunca había jugado con Gadeo una partida oficial aunque sí muchas amistosas en Jamilena, donde en verano se suelen reunir los integrantes de La Estrella. Antes de la partida, le hice una oferta tácita de tablas, con el nada secreto objetivo de evitar a los jugadores más fuertes en la siguiente ronda. El caso es que aceptó y empezamos a jugar, llevando yo las negras.



1.d4-d5 2.Cf3-Cf6 3.c4-e6 4.Cc3-c6 5.Ag5 (sorpresa, Gadeo suele jugarme la variante del cambio)-dxc4 (me lo tuve que pensar, porque la partida podía entrar en una variante muy aguda, la variante Botvinnik, D44, lo que quizá no fuera demasiado aconsejable estando las tablas en el horizonte) 6. e4 (pues nada, que nos metemos en un auténtico berenjenal táctico. La verdad es que en otras circunstancias Gadeo no hubiera entrado al trapo) -b5 7. e5-h6 8.Ah4-g5 9.Cxg5-hxCg5 (por un momento estuve tentado de jugar 9...Cd5!?, pero no me atreví porque supuse que Gadeo conocería menos esta variante y podía comprometer las tablas o en otras palabras, que podía perfectamente quedarme perdido y me hubiera dado vergüenza aceptar una eventual oferta de tablas) 10.AxCg5-Ae7 (esta jugada fue la defensa favorita de Smyslov contra Kasparov en su match de principios de los ochenta) 11.exCf6-Axf6 12.AxAf6-DxAf6 13.g3 (esta jugada me tranquilizó, pues denotaba conocimiento de los esquemas usuales de la variante por parte de mi amigo; lo malo es que yo iba a llegar pronto a las jugadas delicadas) -Ca6 14.Ag2 (contra Fritz, yo suelo jugar aquí 14.Ce4) -Ab7 (la otra opción es 14.Cb4; la textual permite un goloso tacticismo que no da demasiado y que incluso se le puede atragantar al osado) 15.Cxb5-0-0-0 (si ahora 15...cxCb5 16.AxAb7-Cb4! 17.AxTa8?? (es mejor 17.0-0-Tb8=)-Cd3+ 18.Rd2, con ventaja decisiva negra, pero lo cierto es que me daba miedo iniciar una secuencia que nos equivocara por su misma complejidad) 16.Da4 (no lo sabía entonces, pero esta jugada garantiza las tablas, aunque asusta lo suyo. Jugar a ganar pasa por 16.Cxa7) -cxCb5 17.AxAb7-RxAb7 18. Dxb5+-Ra8 19. Dc6+ (jaque, novedad y tablas). Si el blanco intenta 19.DxCa6 se encuentra con la desagradable sorpresa de 19...Df3 con ventaja decisiva negra. En fin, la partida es notable (la tranquilidad con que encaramos el compromiso de jugar entre nosotros puede que afectara a la calidad de la misma), pero me pregunto si, al menos en mi caso, jugué verdaderamente cuando resulta que el texto de la partida ya había sido escrito (Krausser-Kula, Berlin, 1994, partida que acabó en tablas después de que el blanco jugara la codiciosa 19.DxCa6 y el negro respondiera torpemente con 19...Rb8). Sé que a algunos estas repeticiones de acontecimientos vivos no les afectan demasiado, pero resulta que a mí sí. Las lecciones filosóficas que se puedan extraer de todo ello, las dejaré para otra ocasión.
Francisco J. Fernández

martes 25 de marzo de 2008

Casillas débiles

Fue muy curioso lo que me pasó hace unos cuantos meses jugando al ajedrez con José Manuel Villar. Era una partida de Blitz, a 5 minutos. Llevaba blancas y me jugó una Grünfeld, que hacía algún tiempo que no aparecía en nuestras partidas de café. Casualmente, un par de horas antes había visto unos comentarios de Karpov sobre una partida suya con Kasparov, los cuales me llamaron la atención poderosamente: en una Grünfeld también (Belfort, 1988, Copa del Mundo, cfr. Anatoli Karpov, Mis Mejores partidas, Barcelona, Editorial Paidotribo, 1998, trad. de A. Gude, pp. 120-124). La idea de Karpov consistía en restringir la actividad del alfil de g7 con e5 una vez que hubiera desaparecido el alfil de casillas blancas del bando negro. Eso es lo que, para mi sorpresa, me vería intentando hacer con mi amigo: 1.d4,Cf6 2.c4,g6 3.Cc3,d5 4.cxd5,Cxd5 5.e4,CxCc3 6.bxCc3,Ag7 7.Ac4,0-0 8.Ce2,c5 9.Ae3,Cc6 10.0-0,Dc7 11.Tc1,b6.


Fue en este momento más o menos cuando se me vino a la cabeza el plan de Karpov. Entre otras cosas, porque la variante con 10...Dc7 apenas la conozco y normalmente la simple memorización de las jugadas impide la creatividad, buena, mala o regular. De esta manera se me ocurrió un 12.Da4 (novedad incluida, por cierto, al menos por lo que yo sé) con idea de un eventual Aa6. Así las cosas, se continuó con 12...,Ca5 13.Ad5,Ab7 14.AxAb7,CxAb7, llevando a cabo mi plan de eliminación del alfil aunque por caminos distintos (como se suele decir, Dios escribe derecho sobre renglones torcidos). Lo que vino a continuación fue una serie de maniobras (unas mejores, otras peores) con mi caballo y mi dama por esas casillas blancas desguarnecidas. Pero antes, claro, la idea general de Karpov 15.e5. En fin, la partida, aunque la gané, fue luego torpemente llevada, por lo menos en relación con el claro plan que tuve a la salida de la apertura. El caso es que conseguí llevar finalmente mi caballo a f6, obteniendo una posición ganadora. La sensación que tenía era de dominación. Tras ello, reconstruimos la partida y Villar me vino a decir que su debilidad no habían sido las casillas blancas, sino las negras, lo que me sorprendió bastante, pues había tenido una clara percepción de que la cosa no había transcurrido así. Pero el respeto que Villar me merece como jugador me hizo recordar lo que decía Bronstein en su libro del Torneo de Candidatos de Zürich, 1953: que la debilidad de las casillas de un color eran también la debilidad de las piezas que se encuentran en el del color contrario, en este caso el alfil de g7, al que se le había acumulado el trabajo (cfr. Editorial Fundamentos, Madrid, 2000, trad. de A. Gude, p. 31). De hecho, a pesar de que la partida era de Blitz y la cosa no iba en serio, todo fue como una revelación, pues después de todo mi idea primitiva (en el doble sentido de original y simple), tras la desaparición del alfil de casillas blancas y el desarrollo ulterior del juego, había sido solamente instalar un caballo en d6, pero luego vine a descubrir que, mientras lo intentaba, transitaba cómodamente por las casillas blancas sin que el rival pudiera hacer demasiado por evitarlo. Es decir, descubrí (y disculpen los que lo sepan ya, dado que no se trata tanto de saberlo, pues que de algún modo yo también lo sabía de manera abstracta, sino de experimentarlo, esto es, de que ese conocimiento guíe la acción del ajedrecista, cosa que a mí al menos me ha pasado en muy pocas ocasiones) que la debilidad de las casillas de un color permiten las maniobras de las piezas propias por ese mismo color. Creo que antes yo lo entendía de una manera mucho más individual, es decir, veía en efecto, como lo ve cualquiera, una casilla débil de determinado color, pero creo que mi comprensión, a pesar de haber leído y escuchado a menudo cosas parecidas a las que aquí intento describir, no iba más allá. De alguna manera, entonces sentí y no sólo comprendí (o porque lo sentí lo comprendí, o porque lo comprendí lo sentí, para no parecer tan místico) lo que Bronstein quiso decir, que, por otro lado, tampoco es tan evidente y el propio Bronstein viene a reconocerlo después de todo; de ahí quizá la sensación de Villar (y no hay sensación falsa, como ya sabían los antiguos) de que sus debilidades eran negras y no blancas. En fin, confío en que, a pesar de que nadie escarmienta en cabeza ajena, esta torpe reflexión pueda servir de algo a los principiantes en el tortuoso camino de la comprensión ajedrecística.

Francisco J. Fernández